Mi yaya

Como anunciado, como una muerte anunciada, la yaya se ha ido.
Una gran mujer? Pues no, la verdad, no destacó por nada en especial, salvo por que yo la quería mucho. Como todas las abuelas, la mía ha dejado huella. Por lo que fue, por lo que no fue y por los recuerdos que me vienen a la cabeza en estos días.

Siempre la vi como una guerrera, como una luchadora sin fin, sin grandes meta, pero siempre sin pausa. Dura, muy dura, mas dura que la retama que crece en Alatoz, su pueblo.

Siempre me contaba las miserias que tuvieron que pasar con tantos en la familia, con la guerra, la post-guerra y su marido…que creo que fue uno de los retos no ganados para ella. Siempre sufría como sufren las abuelas, en silencio, llorando, rezando y esperando que un milagro cambiara las cosas que a ella le dolían. Casi nunca se cumplían esos milagros pero ella no perdió nunca la fe, como si fuera lo único que le quedaba después de casi un siglo de existencia.

A mi me ha dejado mucho, mucho más de lo que ella posiblemente se pudo imaginar… No olvido las almendras, el chorizo, el aceite que me daba cuando me marchaba del pueblo de visitarla…siempre a escondidas de mi abuelo! Como si cometiera un pecado o un crimen… Ella que no tenía nada… lo poco que tenía era porque se lo había ganado a fuerza de no gastar.

— Nene, si tienes 5 gasta 3 y guarda 2!

Y cientos de consejos de ese tipo. Bueno, que vamos a hacer.

Me acuerdo de ella levantándome las mañanas de Domingo para vestirme y llevarme a misa donde tenía que leer…porque su nieto, leía mejor que todos! Que mujer!

Dura, mas dura que las piedras de los cerros de Albacete, mas dura que la miseria y mas dura que yo…mucho más. No creo que nadie de nosotros pudiera resistir ni la mitad de cosas que resistió ella. Valiente, feroz y defendiendo a los suyos incluso cuando sabía que no habían obrado bien.

— Yo, puedo hablar de los mios, pero como alguien me diga la mas minima…

Siempre contaba lo calzonazos que era mi abuelo y lo mucho que tuvo que luchar en una sociedad de hombres. Mi abuelo siempre creyó que era el el que tomaba las decisiones, que equivocado estaba! Yo me alegro de haber visto las dotes de negociación que tuvo…incluso cuando se tenía que callar por miedo.

No tengo muchas cosas materiales de ella salvo alguna foto y uno de los regalos mas preciados que me hizo antes de perder la consciencia… Un día en su casa y hablando de la herencia le dije:

— Yo yaya, solo quiero una cosa. Me aprestaba a decirle que no quería bancales, ni tierras, ni casa, ni dinero, pero ella me miro, y me dijo que ya sabia lo que quería..
— A si? Le respondí.
— Si, lo se nene, lo se.

bandera_yaya

Se fue al cuarto y me trajo una caja con una bandera republicana bordada por ella que dio a los quintos al irse a la guerra civil española. Con orgullo, la recuperó de los que volvieron derrotados a cambio de un saco de patatas…

Ahora guardo esa bandera como algo muy valioso. Por lo que representa históricamente y porque es uno de los legados mas importantes que me ha dejado una gran mujer, una gran madre y una gran luchadora, mi yaya.

Descansa en paz.

Una poesia que escribio ella:

Mañana al fin es mi día
si no recuerdo mal
un año justo y cabal ¡que alegría!
me traerán mil baratijas
de juguetes un derroche
y dulces a troche y moche,
y pendientes y sortijas.
Una muñeca quisiera,
grande, grande, aun más que yo
pero….. no me conviene que así sea
porque tendré que obedecer y respetar
a quien mayor que yo sea
y no me parece bien
el tener que obedecer a una muñeca.

Mas vale saber que haber,
dice la según conciencia.
El saber no ocupa lugar
y el haber no compra la ciencia.

0 Replies to “Mi yaya”

  1. Hola, tono,con tu “yaya”, tambien tube muy buenos momentos, la veo en lo muy bien que la describes,la veo en mi recuerdo y tambien, aunque en la “clandestinidad” lloro su ausencia. Dicen que el tiempo lo cura todo por que las cosas se convierten en recuerdos, y eso nadie te lo puede quitar.En fin tu Yaya (mi querida tia) nos dejó tristes.Andres.

  2. ¡Muy emocionante tu testimonio! Y qué suerte haber tenido una abuela así…

    ¡Ahora quiero ver la bandera!

    Enrique

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